Cristianos universitarios ante la diversidad de género

Alejandra Ortiz

Obrera regional COMPA, México

Uno de los mayores desafíos para los universitarios seguidores de Jesús en el siglo XXI en América Latina será el convivir, responder y amar a sus compañeros en medio de un contexto que abre paso a la diversidad de género[2] y rechaza a cualquier persona o institución que imponga un modelo sexual tradicional. En este artículo no ofreceré la “verdad” sobre un tema, la propuesta es reflexionar cómo estamos abordando una de las tramas más complejas de nuestro tiempo. Está dirigido a estudiantes evangélicos[3] que consideran la Universidad como un lugar en el que Dios está presente y actuando. La intención es iniciar un diálogo honesto sobre cómo vivir en una sociedad sexualmente diversa y discernir nuestra manera de pensar la cultura y encarnar el Evangelio. La Universidad seguramente será uno de los espacios en que estos asuntos se puedan dialogar y como cristianos precisamos pensar antes de reaccionar o defendernos.

El reto de la inclusión en las universidades latinoamericanas no es nuevo. Los jóvenes indígenas, los que viven en situación de pobreza y en áreas rurales, así como las mujeres han sido blanco de la exclusión histórica y presente. Los cristianos tenemos una responsabilidad acumulada desde épocas pasadas para aprender la hospitalidad hacia grupos marginados. El patrón de ostracismo se repite ahora con las nuevas minorías sexuales. Como lo explica un sociólogo colombiano:

 

El surgimiento de estos actores se da en una sociedad cargada todavía de grandes desigualdades, motivadas por posturas todavía heterosexistas, racistas y clasistas, muy arraigadas en los individuos y en las estructuras sociales, y que aún se siguen reproduciendo en las instituciones de educación, en todos sus niveles.[4]

Como seguidores de Jesús en la Universidad, la intolerancia o el rechazo a las personas con preferencias sexuales diferentes a las nuestras no es una alternativa, ni una actitud cristiana. Entonces, ¿cómo vivimos la fe en un contexto marcado por la diversidad de género? ¿Por dónde empezamos mostrando amor y hospitalidad sin comprometer nuestros valores y nuestra fe? Comenzaré por dar algunas pautas para comprender el contexto actual de diversidad sexual, para entonces sugerir en dónde hemos reaccionado de manera insuficiente, extraviándonos del propósito principal de nuestra misión.  Propondré acercamientos evangélicos a la cultura y las personas que habitamos esta realidad posmoderna[5] y espero animar iniciativas que ayuden en el caminar fiel de Jesús en la Universidad y el mundo.

Una de las maneras de entender mejor el contexto en el que vivimos es comprender el lenguaje que se utiliza para hablar de sexualidad. El sexo refiere a las divergencias físicas entre el hombre y la mujer, donde hay características primarias (de los órganos reproductores) y secundarias (de apariencia) que son determinados por la diferencia cromosómica. En cuanto al género, estamos más bien refiriéndonos a los rasgos que cierta cultura otorga a la mujer y al hombre en relación con los roles y el mismo significado de lo que es ser hombre o mujer. El género, según la antropología, es algo que el humano mismo articula según el grupo social, influenciado por factores económicos, políticos, religiosos, etc. La masculinidad y la feminidad se construyen culturalmente. Este fue el descubrimiento de las feministas políticas y teóricas de la “segunda ola”…”[6] Hasta este punto la diferencia entre sexo y género era clara y útil para distinguir los aspectos atribuidos por la cultura a lo que significa ser hombre y mujer, los cuales pueden variar de acuerdo a los grupos sociales. No obstante, en la posmodernidad se ha dejado de utilizar la categoría de sexo como un aspecto biológico, para hablar de género como construcción cultural. Ya no se reconoce el valor que el sexo tiene para definir parte de la identidad. La biología no determina, sino que la identidad sexual se construye.[7]

Timur Arbaev / https://es.123rf.com/

Este contexto resulta desconcertante para las comunidades religiosas que afirman divergencias sexuales marcadas biológicamente y fundamentadas en un Dios creador de hombre y mujer como entes diferenciados. La reacción de muchos grupos cristianos ha sido la negativa al diálogo y la aserción de negar el concepto de géneros sexuales, reafirmando modelos híper-conservadores de los roles de hombre y mujer. Incluso, existe una clara ofensiva de grupos políticos evangélicos de derecha que rayan en la homofobia y de múltiples iglesias conservadoras en defensa de “la familia”. El gran problema de todos estos frentes es el miedo. Un artículo del New York Times menciona lo siguiente: “La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos.”[8] Mientras que en las universidades mexicanas, independientemente de la filiación religiosa, 4 de cada 10 estudiantes manifestó rechazo en contra de las personas que no se identifiquen como heterosexuales.[9] Un triste ejemplo es el de otro estudio sobre la homofobia en las universidades de Puerto Rico, en el que se narra lo siguiente:

(…) una estudiante en su último semestre, quien fue hostigada por estudiantes quienes eran miembros de la iglesia de la que ella y su abuela eran feligreses, quienes expusieron en los tablones de edicto palabras soeces y mensajes amenazantes relacionados a su orientación sexual (Z. Reyes & A. Echevarría, comunicación personal, 20 de abril de 2008).

La tentación a la que hemos cedido es a actuar con condenación por miedo a que la realidad nos sobrepase y se normalice en nuestra sociedad. No obstante, en el escenario social de los países Occidentales esto ya se asume “normal”. En mi experiencia viviendo en Canadá[10], nos sorprendió y animó conocer a muchos que no están combatiendo contra la comunidad LGBTIQ, sino viviendo el Evangelio mostrando amor y hospitalidad. Ahí fue donde nos encontramos con la Dra. Sarah C. Williams, historiadora cultural profundamente comprometida con el Señor, quien está trabajando para entender y mapear históricamente la transformación en el lenguaje de la sexualidad, hasta llegar a la posmodernidad. Su trabajo radica en comprender el momento histórico, con fines de amar y conectar a las personas que habitan esta realidad. Muchas de las reflexiones y sugerencias en este escrito se los debo a ella, sus reflexiones en clase y las tareas de investigación que nos asignó.

Caricaturizar a los evangélicos como fanáticos, tradicionalistas, defensores de “modelos arcaicos” de familia, es igualmente injusto como pintar a las personas que tienen preferencias sexuales como depravados y libertinos. Las reacciones violentas de un lado y de otro se han alimentado de la falta de amor y compresión por parte de los que creemos en un Dios encarnado y lleno de misericordia. De hecho, han sido nuestras reacciones y el deseo de imponer nuestras creencias sobre la sexualidad las que han llevado a la sociedad a desechar completamente la diferenciación sexual.[11] El gran problema que Williams reconoce es el miedo de las nuevas generaciones ante cualquier tipo de imposición, marcado por una era de totalitarismos que han acabado con las vidas de millones de personas en los últimos cien años. Las tiranías, las imposiciones y cualquier tipo de coerción se recibe con hostilidad y sospecha.  Los cristianos mismos, como parte de esta cultura, se sienten amenazados y con miedo a las imposiciones liberales y las agendas de los demócratas progresistas.

El sociólogo Zygmunt Bauman, un profeta de nuestros tiempos, hace una inteligente lectura de las condiciones del mundo:

Los miedos incitan a emprender acciones defensivas. Una vez iniciada, toda acción defensiva aporta inmediatez y concreción al miedo. Es nuestra respuesta la que transforma los presagios sombríos en una realidad cotidiana, y logra que el verbo se haga carne. En la actualidad, el miedo se ha instalado dentro y satura nuestros hábitos diarios; si apenas necesita más estímulos externos es porque las acciones a las que da pie día tras día suministran toda la motivación y toda la energía que necesita para reproducirse.[12]

No es de sorprendernos que el miedo sea una experiencia cotidiana y la ansiedad uno de los principales males de nuestra generación. El miedo no es malo en sí, pero actuar fundados por el temor sí constituye una contrariedad para quienes anunciamos Buenas Noticias a un mundo saturado de terror. Mientras nuestro móvil sea la aprensión, difícilmente lograremos escuchar al otro o abriremos espacio para reconocer en el prójimo la imagen de Dios y su necesidad.

La pregunta, entonces, es cómo responder, qué hacemos y cómo vivimos. La historia bíblica deja claro que Dios es creador de todas las cosas y que ama a su creación, aún después de la caída. La cultura es parte de la creación y Dios mismo se ha manifestado usando canales culturales, como el lenguaje. Por lo tanto, comprender el contexto social y cultural de hoy es una manera legítima y necesaria de amar el mundo y las personas a quienes Dios ama. El Evangelio también plantea la necesidad, de la humanidad entera, del perdón y la gracia de Dios. La necesidad de perdón no es mayor para quienes tienen preferencias del mismo sexo, todos estamos quebrantados en el área sexual. Como cristianos, nuestra propia cultura evangélica, como lo demuestra Williams, idolatra el amor romántico en el matrimonio y ha reducido la intimidad al coito.[13] Como escribe John Stott: “(…) los cristianos no deben condenar de un modo especial la relación sexual homosexual.” Personalmente, me recuerda a las palabras de Jesús cuando advierte de cuidarnos de estar más atentos por “la paja en el ojo de nuestro hermano y no ver la viga en nuestro propio ojo”. Como productos, generadores y participes de esta cultura posmoderna, nosotros como cristianos también hemos adoptado ideas sobre la sexualidad que no son bíblicas ni concuerdan con la gran historia de Dios en las Escrituras. Y estamos envueltos en miedo.

Creo que este es un buen lugar para contar una historia, narrada por Lucas el evangelista.[14]

La escena de Jesús en casa de Simón el fariseo es familiar para muchos. Los fariseos eran seguidores fieles del Señor, siempre buscando en él alguna equivocación o contradicción con la ley. Desconocemos la intención de Simón al invitar a Jesús a su casa, pero él accede. Una mujer pecadora no era bienvenida a un banquete auspiciado por fariseos. Era una mujer inaceptable en las esferas religiosas judías, por trabajar en algo que comprometía su moral. Pero ella no anuncia su llegada e interrumpe atrevidamente, derramando un costoso perfume sobre Jesús. Los perfumes eran útiles en su profesión, para la seducción de hombres. La mujer “sin nombre” demuestra devoción y humildad. Se acerca sin arrogancia, evidenciando su confianza en este controvertido maestro de Israel.

Wayne Forte / http://www.wayneforte.com/

En un banquete así, la instrucción moral era un punto clave del encuentro.[15] Jesús no pierde oportunidad y enseña de maneras inesperadas, permitiendo que esamujer derrame un perfume contaminado de inmoralidad y con su cabello suelto (marca visible de su promiscuidad) unge y seca los pies de Jesús. Simón cuestiona al Maestro y se jacta de conocer quién es esa mujer. Si Jesús tuviera idea de su fama, no permitiría tal acercamiento. Pero el Señor no es ajeno al contexto, a los tabús sociales ni al corazón de ella. Jesús conoce a los seres humanos.

Y el Maestro responde contando una historia.  Es la trama de dos hombres pobres a quien un prestamista les perdonó su deuda. Una deuda era pequeña y la otra de mayor cantidad. La pregunta que Jesús hace a Simón es obvia: – ¿Cuál de los dos lo amará más?-

Simón supone bien, respondiendo correctamente, pero confundido.  -Al que se le perdona más, ama más. –

Y nosotros podemos pensar: – ¿Qué significa la pregunta de Jesús? ¿Qué tiene que ver con la mujer y con Simón? –

Pareciera que Jesús ubica a Simón en el mismo lugar que a la mujer pecadora. Los dos son deudores y están en “el mismo barco”, necesitados de perdón. La cuestión es que la mujer no puede ignorar su condición y etiqueta. Simón sí. Él cumple con las expectativas de su religión y está tranquilo, aunque le falla un poco eso de ser hospitalario. Ella hizo todo lo que se esperaba de Simón, al recibir a un invitado especial en su casa.

Simón no es tan diferente a nosotros como cristianos, sabemos hacer lo correcto y mantenemos una fachada de moralidad. Muchos escondemos una falsa idea de intimidad, desilusión ante el matrimonio romántico, pornografía o deseos que nos superan y jamás nos hemos atrevido a nombrar. En nuestras iglesias la soltería es vista como un problema para solucionar, el acoso sexual no está ausente y el índice de divorcios no es menor que en la sociedad en general.

Nosotros también estamos quebrados. La mujer quiere acercarse a Jesús y cree en sus Buenas Noticias. Jesús perdona sus pecados. Simón no entiende cómo es que el Maestro osa perdonar aesa mujer. Simón no ha comprendido el poder del evangelio.

– ¿Y nosotros? –

El Evangelio tiene poder, para perdonador pecados, cambiar vidas y transformar culturas. El Evangelio de Jesús son buenas noticias para los que reconocen su necesidad de Dios, no para los que creen que no necesitan. En el contexto actual, de diversidad de género y valores contrarios a los nuestros, la respuesta no puede ser el aislamiento o las reacciones con violencia o agresión. Sugiero cinco iniciativas evangélicas para responder desde la fe, para la vida misionera en el contexto universitario y más allá de él.[16]

1. Vivir la misión en comunidad es un correctivo contra la hiperindividualización de las grandes urbes y presente con mayor fuerza en las universidades. Dialogar los temas difíciles, reconocer los miedos y plantear las dudas con honestidad nos permiten construir una red de confianza y humildad. El estudio de la Biblia junto a otros, sin la intención de imponer agendas políticas e ideológicas también nos abre a ser afirmados y abrazar los misterios. La vida en comunidad tiene el potencial de sostener matrimonios, acompañar a los solteros y mantener a las familias floreciendo. El cristianismo no es una fe para los llaneros solitarios, ni muchos menos para los autosuficientes.

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2. Ser hospitalarios y generosos en un contexto hostil y con mucha animadversión siempre tendrá consecuencias de amor creativo. En nuestros temores, nuestra tentación yace en decir mucho y escuchar poco, pero la hospitalidad y el tiempo invertido en amar escuchando no vuelven vacíos. Para una generación que rechaza cualquier imposición o modelo, pero busca pertenecer y ser amado, la hospitalidad tiene el potencial de abrir corazones. La amistad es un antídoto contra la homofobia. Un estudio realizado en México sobre la exclusión entre los universitarios demostró que aquellos que tienen amistad con quien se define como homosexual, tienden a incluirlo.[17] Esto no compromete nuestra fe, es una expresión de cómo Dios es, quien nos abre las puertas y nos recibe. Su amor es el que nos transforma.

3. Resistir a la tentación de usar etiquetas. La identidad de los seres humanos no está dada por nuestra preferencia sexual, somos creaciones hechas a la imagen de Dios. Todos. Sin excepción. En una sociedad de consumo se nos venden opciones de lo que podemos ser y en la posmodernidad, ante estados totalitarios, son pocas las cosas sobre las cuales elegimos. Vivimos en una crisis de identidad y por eso el derecho a la preferencia sexual es tan compleja y se defiende con ímpetu.[18] Los cristianos universitarios no podemos caer en la trampa de etiquetarnos como heterosexuales y dejar que eso nos defina. Somos mucho más que la preferencia sexual. Somos seres creados y amados por Dios, pertenecientes a una familia y una comunidad, interdependientes y necesitados de Dios.[19] Tenemos el desafío de pensar qué significa ser humano desde la Biblia.

4. Cuestionar las mentiras de la cultura evangélica y la cultura social y arrepentirnos. Nosotros no estamos exentos de idolatría y errores en el área de la sexualidad. Hemos recibido mucha influencia desde Norteamérica sobre roles supuestamente bíblicos, los cuales son insuficientes para los desafíos de las relaciones en América Latina, como el machismo, la violencia contra las mujeres y niños, la pornografía y la trata. El Evangelio mismo tiene el poder de transformar familias y comunidades y lo está haciendo. La diferenciación sexual no implica roles rígidos de lo que un hombre o mujer hacen en la casa o en la arena pública. Existe libertad. Tampoco necesitamos adoptar agendas políticas de otros países. Defender el matrimonio heterosexual no es incorrecto, pero existen más asuntos de urgencia en nuestras naciones, como la explotación de los pobres, la desigualdad económica, la marginación de los indígenas, la corrupción, etc. Nuestro testimonio público abre o cierra puertas para que otros conozcan del Evangelio. En ocasiones somos más conocidos por nuestra condenación que nuestro amor.

5. Re-imaginar la cultura y el lenguaje. Williams propone que necesitamos una nueva visión social.[20] Alimentar la imaginación de lo que Dios ha creado y de la reconciliación cósmica de todas las cosas con Dios por medio de Jesús es trabajo evangelístico. La labor profética implica entender el contexto y considerar cómo Dios está actuando en nuestro medio, de manera creativa. Los profetas también denunciaban pecados, pero comenzaban por su propio pueblo y junto a eso, comunicaban una visión de esperanza en la redención de Dios. La labor evangelística y profética es parte de nuestro llamado como cristianos en la universidad.  Es un llamado comunitario, de reflexión bíblico teológica a la par de aprender a leer el contexto histórico social, y a ver y seguir al Espíritu por sendas posiblemente nunca imaginadas, alcanzando a quienes parecen lejanos a la fe. En ocasiones, esta hermosa y compleja labor de vivir y proclamar el evangelio, comienza por actos pequeños en nuestra manera de usar el lenguaje, en los gestos que usamos al relacionarnos, en cuestionar nuestras presuposiciones. Re-imaginar la cultura impregnada del evangelio implica encarnarlo y eso nunca será una labor que nos dejará sin “ensuciarnos”.

Mi oración por nosotros es que creamos en el poder del Evangelio, que encarnemos su mensaje hasta las últimas consecuencias y estemos atentos al Espíritu para ser guiados en la obra que Dios ya está haciendo entre nosotros, con amor y sin miedo.

Alejandra es obrera regional de COMPA México y Maestra en Estudios Teológicos por Regent College. Esposa de Abdiel y mamá de Luciana. Le encanta trabajar con estudiantes y obreros y animarlos a amar las Escrituras y entender su aplicación a la vida entera. A Ale le encanta el café y el té chai, viajar, caminar y escribir en su blog sobre teología y la vida. Alejandra Ortíz

Obrera Regional, COMPA, México

[1] Obrera regional de Compañerismo Estudiantil y Maestra en Estudios Teológicos por Regent College. Esposa de Abdiel y mamá de Luciana.
[2] Utilizaremos el concepto “diversidad de género” y “diversidad sexual” de manera intercambiable. Explicaré la evolución el uso del lenguaje en torno al sexo y al género líneas más adelante.
[3] Principalmente estudiantes de los movimientos estudiantiles evangélicos de América Latina, pertenecientes a la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos.
[4] Fernando Uribe Castro, “¿Señalar o incluir? Gays y lesbianas en la universidad colombiana.”http://www.propiedadpublica.com.co/-senalar-o-incluir-gays-y-lesbianas-en-la-universidad-colombiana/ (consultada el 20 de agosto, 2018)
[5] La posmodernidad es un concepto complejo que convive en América Latina, junto a la modernidad y la pre modernidad. La posmodernidad básicamente cuestiona todas las certezas la Ilustración, poniendo en duda la ciencia y los mega-relatos que daban sentido a la vida en la modernidad.
[6] Rubí de María Gómez Campos, El Sentido de sí. Un ensayo sobre el feminismo y la filosofía de la cultura en México (México: siglo xxi editores), 1-2.
[7] Philip N. Cohen, Septiembre 14, 2015 (5:00am), “Why I don’t defend the sex-versus-gender distinction”, https://familyinequality.wordpress.com/2013/09/14/why-i-dont-defend-the-sex-versus-gender-distinction/ (consultado el 21 de Agosto, 2018)

[8] Javier Corrales, “Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.” New York Times, 19 de enero, 2018. https://www.nytimes.com/es/2018/01/19/opinion-evangelicos-conservadores-america-latina-corrales/ (consultado el 23 de agosto, 2018)
[9] Piña Osorio et al, “Homofobia en estudiantes”, Región y sociedad vol.27 no.64 Hermosillo sep./dic. 2015 http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-39252015000300001  (consultado el 20 de agosto, 2018)
[10] Mi esposo y yo vivimos en Vancouver, B.C., Canadá por 13 meses, al estar finalizando mi maestría en Estudios Teológicos en una escuela de posgrados evangélica (Regent College).
[11] Sarah C. Williams’, “Sex in the Post-Modern Story”. Serie de tres ponencias presentadas en Corban University University. https://soundcloud.com/corbanuniversity/92115dr-sarah-c-williams(consultadas el 10 de agosto, 2018)
[12] Zygmunt Bauman, Tiempos Líquidos. Vivir en una época de incertidumbre, (México: Tusquets editores, 2009) 18-19
[13] Williams, “Sex in the Post-Modern Story”

[14] Lucas 7:36-50
[15] Craig S. Keener, “Luke” en The IVP Bible Background Commentary: New Testament (Estados Unidos de América: IVP, 1993) 208-209.
[16] Algunas de estas propuestas de respuesta al contexto están tomadas de recomendaciones dadas por Sarah Williams en sus clases de Mapping Gender, tomadas en el verano de 2015 en Regent College, Vancouver Canadá. He tomado algunas de sus ideas, adaptándolas al contexto universitario latinoamericano.
[17] Piña Osorio et al, “Homofobia en estudiantes”
[18] De igual manera asuntos como el aborto y la eutanasia, porque tienen que ver con nuestros cuerpos.
[19] La Dra. Sarah Williams explica que en el momento en que dejamos que se nos etiquete, perdemos oportunidades para cuestionar las mentiras de la cultura que nos definen según nuestra preferencia sexual. Ella cuenta la historia de cuándo un médico le pregunta cómo se define, dándole opciones: a)heterosexual, b)homosexual, c)bisexual o d) transexual, y Sarah responde: -Soy esposa de Paul. Un ejemplo sencillo de resistir a ser definidos como tal.
[20] Williams, “Sex in the Post-Modern Story”

Filipenses 4

ANSIOSOS POR NADA 


 

Escuché esta canción una noche que me sentía muy cargada – por cosas que no podía controlar. Me conmovió mucho y me hizo sentir “arrullada”. Por favor, toma un momento para escucharla. 

 


Acompañame a leer el pasaje

Filipenses 4: 4-7 Nueva Versión Internacional (NVI)


Leamos juntos…

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

 


Reflexionemos:

Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. Recuerden que el Señor vuelve pronto. 

¿Cuál debería ser nuestra motivación para estar siempre llenos de alegría?

Me encanta que Pablo nos recuerda que el Señor vuelve pronto / – Él nos ha amado con amor eterno. ¡Alegrémonos! Porque Él cuida de nosotros. El Evangelio busca abordar la vida después de la muerte, pero también la transformación del presente, incluyendo nuestras preocupaciones.

¿Cómo ves los efectos de las preocupaciones/estrés en tu vida?

Dolor de cuello y espalda, mandíbula tensa, dificultad para dormir y concentrarse – y la manera en la que tratamos a otros. A veces me cuesta ser amable cuando estoy muy tensa/estresada/irritada, ¿y a ustedes?

Hablar palabras amables aun cuando hay factores estresantes, se forma en nosotros por una alegría que nace de permanecer en el Señor, y con mucha práctica e intención de nuestra parte.

¿Cómo permaneces tú en el Señor?

 

No se inquieten por nada.

La ansiedad no es pecado; es una emoción – así que no estés ansioso por estar ansioso. Lo que es cierto, es que la ansiedad puede causar en nosotros conductas que nos alejan del Señor. ¿Qué cosas te causan estrés/preocupación/desánimo? ¿Cuáles y cómo son tus pensamientos al estar preocupado? Piensa un momento en las ideas que dejas entrar y te causan más dolor y ansiedad.

Conquistar la ansiedad y la preocupación requiere un esfuerzo grande porque deseamos que las cosas marchen como deseamos, y entonces los factores que están fuera de nuestro alcance nos causan estrés. Antes de darnos cuenta, nuestra mente ya recorrió cada posibilidad sin darnos el chance de pensar racionalmente en algunas cosas que vivimos muy rápido – y sin darnos permiso para vivir cada etapa, nos cargamos aún más.

Demasiados pendientes, mucho trabajo/tareas, quizás una enfermedad, tristeza por una situación familiar que parece no solucionarse, algo que a pesar de mucho esfuerzo no logramos alcanzar.

Alto. Relájate. Respira.

Abraza a tus seres queridos. Sal a caminar. Descansar, renovar, restaurar. 

Hazlo por ti. Pero también por nosotros: nuestro mundo está fuera de control y la tentación es entrar en pánico y trabajar más duro y hacer más, y dejar que reine la ansiedad. Pero creo que parte de la solución es detenernos y volver a evaluar nuestras motivaciones y valores, tomarnos el tiempo para conocernos, dejarnos sentir, amarnos unos a otros y recordar que el Señor vuelve pronto.

“El divino descansó en el séptimo día de la creación, dejando claro que Él no es un adicto al trabajo, que no está ansioso por el funcionamiento de la creación y que el bienestar de la creación no depende del trabajo sin fin.”- Walter Brueggemann

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…en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. 

Qué dicha poder ser honestos con el Divino y compartir nuestra ansiedad con aquel que es amor. Hablar: comunión y confianza.

El pasaje no nos invita a olvidarnos de lo que nos carga o preocupa, pero si a llevarlas delante de Dios como acto de confianza en un amor más grande de lo que podemos entender.

Démosle la bienvenida a los pensamientos que nos causan estrés, y luego presentémoslos con gratitud. Hablemos de las cosas que nos cargan y permitamos que otros nos acompañen. El agradecimiento es el medio que Dios usa para dirigir nuestro enfoque hacia él, y quitar nuestra atención a lo que nos causa ansiedad.

¿Cómo afecta tu deseo de hablar con Dios, saber que él anhela escucharte?

 

Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.

Y entonces la paz de Dios cuidará nuestro corazón (sentimientos, emociones y actitudes) y nuestra mente (forma de pensar). Su paz es nuestra paz. Pablo nos invita a acercarnos a Dios que nos ofrece su paz. Y no es precisamente falta de problemas si no de vivir completos, íntegros y plenos en cada área de nuestra vida, aunque no siempre todo marche como quisiéramos.

Oremos:

Gracias Dios porque tu amor inagotable nos rodea y nunca dejarás de hacerlo, a pesar de nosotros mismos.

Permítenos acercarnos a ti en momentos de ansiedad o estrés, cuando sentimos que no podemos manejar alguna situación, enséñanos a verte a ti y depender de ti, confiando en tu amor profundo.

Gracias porque podemos gozarnos en lo que ya has hecho por nosotros y en la esperanza de que tú vendrás y harás todo nuevo. Úsanos para acompañar a otros en sus preocupaciones y en su dolor, y que puedan sentir tu abrazo en nuestra amistad.

Enséñanos a depender de ti y a alegrarnos en ti, a estar contentos y a escuchar tu voz.

Amén.

 



Pao Cardona para servirle 🙂

Estudié diseño gráfico con énfasis en multimedia y me encanta la idea de hacer comunicación visual por la causa del Reino. Actualmente trabajo en Fundación Contra el Hambre como coordinadora de comunicaciones y relaciones públicas, y me la paso pensando como servir a otros con mis conocimientos y habilidades. ¡Ha sido toda una aventura!

Un poco distraída – disfruto de la naturaleza, de los colores, de hacer música e ilustraciones. Aprendiendo de la gracia y amor del Señor.

Pao Cardona

Fundación Contra el Hambre, Guatemala

Lucas 10

 El buen samaritano, el buen ateo, o el buen musulmán

Quizás el pasaje del buen samaritano sea uno de los pasajes bíblicos que más impactó mi forma de entender y vivir mi fe durante mis últimos años como estudiante y obrero en el movimiento estudiantil y aún sigue dando luz. C.S Lewis desarrolló dos conceptos que considero clave para entender cómo un cristiano debe leer a las personas y a uno mismo a partir de la óptica bíblica. Esos conceptos son, la“cercanía por semejanza” y la “cercanía por proximidad”. El primero tiene que ver con que todos los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios- y, por lo tanto, todos los seres humanos (sin importar lengua, raza, cultura, creencias, etc.) tenemos esa característica inherente. El segundo concepto apunta más a algo activo, no pasivo. Es decir, es algo voluntario y no involuntario como sucede con el primero. Se trata de la decisión de imitar a Jesús intencionalmente, seguirlo a él, volvernos sus discípulos.

 

Partiendo de esa misma lógica, Darrow Miller señala en su libro “Discipulado a las Naciones”, que los cristianos no estamos llamados a revolucionar, sino a reformar. Y esto aplica tanto a estructuras sociales, como a personas, de la misma manera. Con esto Miller advierte a los cristianos que su llamado implica tener la capacidad y la humildad de leer esos destellos de la imagen de Dios en las personas y estructuras, independientemente de que sean o no cristianas.

Habiendo pasado por esa súper breve explicación de conceptos y teniéndola en mente de aquí en adelante, quisiera que leyéramos el pasaje bíblico en el libro de Lucas (cap. 10 vers. 25-37). Versión: NVI.


 

25 En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta:

―Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

26 Jesús replicó:

― ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

27 Como respuesta el hombre citó:

― “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, [a] y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.[b]

28 ―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

29 Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús:

― ¿Y quién es mi prójimo?

30 Jesús respondió:

― Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. 32 Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. 33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. 34 Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacó dos monedas de plata[c] y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. 36 ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37 ― El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley.

― Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

 


Reflexionemos:

Hay tres personajes muy interesantes en este pasaje y que hay que entender un poco acerca de su trasfondo para entrar en contexto. Jesús se encuentra dialogando con un maestro de la ley, y dentro del relato para responder a la pregunta “quién es mi prójimo?”, cuenta una historia en la cual un hombre herido, un sacerdote, un levita y un samaritano, son los protagonistas. Respecto al maestro de la ley y al sacerdote, sin acudir a una fuente externa a este relato se puede entender cuáles eran sus roles en aquel entonces. En cuanto al levita, era una personalidad importante y reconocida dentro del pueblo judío; perteneciente a la tribu de Leví y que inclusive tuvo tal protagonismo dentro de dicho pueblo que, en el pasado anterior a este relato, tenía la responsabilidad de proteger el tabernáculo o “santuario móvil” (1 Crónicas 23).Por otro lado, a los samaritanos se les consideraba medio-judíos y señalados por su fe sincretista (Reyes 17:26-28) debido a que parte de los judíos que sufrieron de exilio tiempo atrás, se mezclaron con extranjeros. Por lo tanto, estas personas eran despreciables por el pueblo judío por ser impuros.

Teniendo todo esto en cuenta, el hecho de que Jesús estuviese enseñando a un judío acerca del amor al prójimo a partir del ejemplo de un samaritano, resultaba chocante. De por sí el maestro de la ley ya estaba cuestionando Jesús, y sumado a eso Jesús le pone de ejemplo a una persona despreciable para él. Quizás en tiempos contemporáneos el samaritano podría ser una persona atea, un musulmán, una persona dentro de una creencia sincretista o una persona no cristiana en general. Hoy en día a aún es poco probable que un cristiano esté abierto a aprender de una persona que no comparta su misma fe; y menos aún si se sabe que su fe tiende hacia el sincretismo. Esto por otro lado no quiere decir que para Jesús no fueseimportante lo que las personas creyeran o lo que creamos. Jesús, como algunos teólogos destacan, fue directo y excluyente a la hora de señalar cuál era la verdad – por ejemplo, los famosos “Yo soy…”, que podemos encontrar en repetidas ocasiones en el libro de Juan. Esto nos previene de pensar que para Jesús cualquier camino, creencia o fe, nos lleva a Él.

Este relato debe orientarnos como cristianos respecto a lo que también podríamos y deberíamos aprender de personas fuera de la fe cristiana. En lo personal, este relato me ha permitido ver y admirar acciones de personas y amigos no cristianos que reflejan más los valores del reino de Dios que inclusive muchos cristianos (incluyéndome en varias ocasiones). He tenido la oportunidad de identificar, como en este relato, no a buenos samaritanos, pero a buenos ateos y buenos musulmanes. Esto sin olvidar que esto sucede por su cercanía con Dios por semejanza, más no por proximidad.  Esto también me ha servido a vencer mi ego y a entender que debo tener mejores ojos y oídos para lo que Dios hace por medio de gente fuera de la fe cristiana. Inclusive pienso que la evangelización debería de tener un punto de partida tomando como base también las enseñanzas de este pasaje. Nuestros prójimos con otras maneras de pensar o de creer también pueden acercarnos a Jesús y ellos podrían estar más cerca de Jesús de lo que ellos piensan y nosotros pensamos.

 

Oremos:

Señor Jesús ayúdanos a tener la humildad para aprender y tomar de ejemplo a amigos y personas que no creen en ti directamente, pero que muestran destellos de tu reino en sus acciones. Ayúdanos también a, con humildad, mostrarles esa cercanía por semejanza que comparten con nosotros y contigo; y oriéntanos para saber cómo guiarlos con mucho amor y sin apresurarnos a poder reconocer que su cercanía por proximidad para contigo es el camino hacia la verdad y la vida.

 



Mi nombre es Byron Galvez y tengo 28 años. Fui líder estudiantil (y luego obrero) durante mi paso por la universidad en la facultad de ingeniería. Fui muy influenciado por gente del movimiento y fuera del movimiento que estudiaba ciencias sociales (especialmente mi novia internacionalista ( : ) y humanidades. Recién regresé de China donde estudié un posgrado en energías renovables. Me apasiona la investigación científica y mi área de interés es la política energética y el desarrollo sostenible. Soy introvertido, así que tengo no tantos amigos. Mis mejores amigos piensan bien distinto y parecido a mí -coincidimos y chocamos algunas veces. Dos de ellos son musulmanes, una atea y los otros son cristianos ( : .

 

Byron Galvez

Grupo Evangélico Universitario

EL ARTE DE LA FELICIDAD

EL ARTE DE LA FELICIDAD

Dr. Alfonso Ropero Berzosa


Hay una apetencia universal que iguala a todos los seres humanos por igual, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos: el deseo de ser feliz, la aspiración a la huidiza felicidad.

Casi creemos que tenemos derecho a ella y nos sentimos muy tristes y deprimidos cuando se nos niega. Pero la experiencia nos ha enseñado que la felicidad no es fácil de conseguir, parece más una ilusión que una realidad. A veces esto nos conduce a pensar que la felicidad es imposible y que es mejor no pensar en ella. Aun con todo se escriben muchos libros que pretenden mostrar el camino para alcanzar ese bien o ese estado de complicada definición.

La búsqueda la felicidad está en la base de la reflexión filosófica, presente en la literatura universal y es la preocupación básica de humanista y psicólogos. Sea que se alcance o no, la felicidad es siempre el motivo que estimula la actividad humana, que decide la ruta vital que cada emprende, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones humanas, como si al final de la misma se encontrase la anhelada felicidad, el descanso, el gozo, el encuentro con uno mismo. 

Elegimos qué asignatura estudiar —cuando nos dejan o podemos—, qué clase de trabajo al que entregarnos de por vida en la medida que creemos que nos puede reportar más o menos felicidad. Aunque no es común asociar estudio y trabajo, que son tareas arduas, a la felicidad, lo cierto es que van unidos en calidad de medios para conseguir. Siguiendo cada cual su vocación y sus inclinaciones innatas todos tendemos a dedicarnos a aquello que pensamos que puede ser motivo  de gusto y placer y, en última instancia, de felicidad.

Como la felicidad no es un producto definido, cada cual la busca a su manera, y a su manera acierta o fracasa en esta empresa.

La mayoría de la gente quiere ser rica, amasar una fortuna, no por amor al dinero en sí mismo —excepto los avaros—, sino por las posibilidades que el dinero tiene de conseguir o comprar la felicidad con la que se sueña. Es el anhelo de felicidad lo que lleva a muchos e emprender negocios que los haga ricos y poderosos y, por ende, felices, respetados, agasajados. Pero en la realidad esto no funciona así de simple. Es cierto que la pobreza y la miseria llevan aparejados muchos males y contratiempos, en cuanto a la salud y posibilidades de mejora económica y social. El pobre es, además, sujeto de todo tipo de atropellos y abusos. Por eso hay que salir de esa condición como sea. Pero este como sea no es, no debe ser, ajeno a consideraciones de carácter moral.

Vivimos en un universo ético. Esto significa que nuestros actos tendrán unos u otros resultados dependiendo su contenido moral. Los contenidos éticos de nuestras acciones y actitudes deciden el logro de nuestra felicidad o desdicha. La ética no es ajena a nuestro mundo; no se ve, no se percibe en el aire, no aparece en los escaparates, pero es el juez que nunca descansa, que nada se le pasa por alto, y que aparece en todos los recodos del camino de nuestra existencia.

Ni los poderosos, ni los más ricos, ni los más famosos, pueden nada contra ella. Y eso que el poder es y sigue siendo la meta más codiciada por los miembros más ambiciosos de nuestra especie. Quien se alza con el poder, tiene influencias, adquiere riquezas, se hace acreedor a privilegios vedados a la mayoría de los mortales. Pero, repetimos, vivimos en un universo ético, indiferente a los manejos del poder, insobornable a la presión o las prebendas. Por eso vemos que ellos también tienen que pagar un alto precio por todo aquello que obedeció a consideraciones éticas.

Según la visión ética del Nuevo Testamento, la “raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10). Esto no se dice porque haya algo malo intrínseco en el dinero, sino en aquel que lo persigue de un modo nada virtuoso, como es la codicia.

Poco antes de la última crisis del llamado primer mundo, Lloyd Blankfein, presidente de la banca Goldman Sachs, era saludado como “el banquero más poderoso del mundo”. En ese tiempo, Blankfein se atrevió a afirmar que su institución estaba realizando la “obra de Dios”. Se aseguró que hizo este comentario en broma, pero ha pasado a representar la arrogancia que emanaba de Wall Street, icono del sector financiero mundial. Poco después, Goldmans Sachs colapsó, sumiendo en la ruina a millones de norteamericanos, que veían cómo perdían irremediablemente sus viviendas, sus trabajos, sus ahorros. ¿Puede haber una desgracia más grande, una infelicidad mayor? Algunos responsables fueron encarcelados, otros se suicidaron.

¿Qué había fallado? La ética, así de sencillo y de tremendo.  El banco, dijo Carl Levin, presidente del subcomité senatorial, “vio a sus clientes como un instrumento de su propio beneficio”. Por su parte, John McCain, senador y ex candidato republicano a la presidencia del país, lo resumió así. “No sé si hicieron algo ilegal, pero lo cierto es que su comportamiento no fue ético”[1]

Cuando se saltan las leyes éticas, la dicha de unos significa la desdicha de muchos, y, finalmente, la desgracia del mismo que la causa. Quien daña, se daña. El que a espada mata, a espada a espada muere. Al final, todos perdemos, culpables e inocentes, si es que hay alguien inocente. Nuestro planeta agoniza cada día un poco más debido a la codicia de los grandes empresarios que están provocado la destrucción del medio ambiente, hipotecando el futuro de la tierra, causando la extinción de las especies.

La codicia de los financieros, para quienes, sin problemas de conciencia afirman que business is business, acarrea la desgracia de millones de campesinos, obligados a abandonar sus medios tradicionales de vida y pasar a formar parte del lumpen de las megalópolis. Condena al hambre a millones de personas. Favorece guerras e inseguridad ciudadana.

La ceguera ética de los poderosos y de los políticos está creando millones de desplazados y grandes bolsas de pobreza con unos cuantos islotes privilegiados resguardados por muros y vallas, custodiados con guardias de seguridad privada. ¡Qué ceguera! Se invierte en los síntomas y no en las causas.

Así no solo es imposible alcanzar la felicidad humana, sino que ni siquiera se puede vivir con un mínimo de dignidad. Ni son felices unos, siempre con miedo a un levantamiento que haga saltar por los aires todo el sistema, ni otros, hundiéndose cada día más en la desilusión y la desesperanza.

La felicidad está con los que cuentan con los demás. Es un hecho comprobado que uno es feliz cuando hace felices a los demás. No sólo somos individuos de una especie, sino personas sociales en relación que se realizan en la interacción unos con otros. De nuevo, según la enseñanza cristiana, esa relación debe conducirse bajo los principios éticos del amor. No es fácil, primero porque los seres humanos somos muy complicados y dañinos, y segundo, porque desde la infancia somos enseñados a buscar nuestros propios intereses, aunque sea a costa de los demás. Todos estamos desesperadamente necesitados del amor, pero no incursionamos en ese camino porque nos da miedo, miedo a ser decepcionados, miedo a ser utilizados, miedo a no ser comprendidos. Así que, aunque lo necesitamos, desconfiamos del amor y no estamos dispuestos a abrirnos al mismo, a dejarnos guiar por él.

El apóstol Pablo tenía claro que el amor es el camino más excelente en las relaciones humanas, y, sin duda alguna, la garantía de la felicidad.  El amor, dice, “es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:4-7).

La falta de amor es falta de humanidad, y eso atenta directamente contra nosotros mismos. No es un camino fácil, pero es el más rentable en términos de calidad humana. Es lo que nos hace divinos. Decía el poeta, no amamos suficientemente al hombre. “Hay que ser generosos, / los demás están solos, / necesitan
que alguien se ocupe de ellos /
porque el amor más mínimo les falta;
/ amamos poco al hombre” (Eladio Cabañero).

Sabemos que las pasiones y sentimientos tan negativos como la envidia, la ira, el egoísmo, el rencor, nos dañan directamente al interrumpir o malograr las relaciones sociales. Si uno va sembrando vientos, cosechará tormentas. Relaciones basadas en la desconfianza mutua, en la lucha y la competencia son una raíz de amargura que frustran cualquier tipo de vida feliz. Precisamente porque vivimos en un universo ético lo que se siembra se cosecha. Quien siembra males tarde o temprano tendrá una buena cosecha de males, y todo lo que haya acumulado no le servirá de nada.

Aunque solo sea por egoísmo uno debería ser bueno, seguir la senda del amor, practicar el bien. Rinde buenos frutos. Así lo afirma el apóstol Pablo: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9).

Si la amistad es uno de los ingredientes de la felicidad, que lo es, seamos buenos amigos en todos los órdenes de cosas. “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y hay amigo más unido que un hermano” (Proverbios 18:24). Lo que no podemos esperar es llevar una vida de egoísmo, aprovechándonos de los demás y aun así creer que un día lograremos tener buenos amigos, que consuelen nuestros días de soledad y nos echen una mano en momentos de dificultades y problemas. Lo que decimos sobre la amistad, igualmente es aplicable al resto de las relaciones personales, comerciales o políticas.

No podemos especular con las relaciones humanas. Hay que ser generosos. En compartir está la vida y la felicidad. El corazón del cristianismo es esencialmente un don compartido. El mensaje central del evangelio es la doctrina de la gracia, que no es otra cosa que Dios compartiendo su plenitud de vida con la vida de los hombres para que lleguen a ser uno con él en comunión de vida. El don más grande es la donación del mismísimo Hijo de Dios: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él, no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Jesucristo se entiende a sí mismo, tanto en su enseñanza como en su vida y destino final en la cruz, como donación personal por la vida de los demás. “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:18).

En ese mismo Evangelio de Juan, Jesús aparece refiriéndose a sí con una expresión que causó un gran escándalo en sus contemporáneos, hasta el punto que lo dejaron solo. Es aquella que dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna. Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Juan 6:53-54). Es una afirmación ciertamente extraña y desconcertante, pero es una manera muy gráfica de decirnos que la vida consiste en compartir. Cristo comparte su vida con los demás, como quien comparte sus bienes en un banquete. Pero con un añadido. De Cristo no compartimos cosas o bienes que le pertenecen externamente, le compartimos a él mismo en persona —como si le devorásemos—, en toda su riqueza interior. Por eso el gran sacramento de la comunión cristiana es la Santa Cena, la celebración de aquella última cena pascual que Jesús compartió con sus discípulos poco antes de morir.  “Mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:26-28).

Aquello que pertenece al misterio de Dios, que es camino de vida eterna para la humanidad, no puede ser ajeno a la vida del ser humano, hombre y mujer, en la búsqueda de la felicidad y su realización personal.

Vivimos en una era del vacío, según el filósofo francés Gilles Lipovetsky, que rompe con lo instituido durante los dos últimos siglos. Se manifiesta en una nueva era de consumo que se extiende hasta la esfera de lo privado; el consumo de la propia existencia a través de la propagación de los mass media; el vivir aquí y ahora sin referencias a la transcendencia, lo cual no es síntoma de una mayor libertad y felicidad, sino de un pesimismo desencantado, que busca, de modo narcisista, la supervivencia del individuo[2]. Por ese camino la felicidad se vuelve imposible. Se celebra lo orgiástico y se lo confunde con lo feliz. Por eso el vacío pervive. La felicidad no hace acto de presencia en medio de la sociedad moderna pese a su creciente sofisticación. El arte de la felicidad no es un logro individualista, sino una manera de ser que tiene en cuenta la naturaleza ética de la vida y entiende que la felicidad es siempre felicidad compartida, comenzado por Dios y terminando por nuestros semejantes. Es un compartir la vida en comunión, primero con Dios, fundamento impelente de nuestro ser, y después con nuestro prójimo, aquel que nos devuelve el rostro enriquecido en comunión de vida, de yo a tú, de nosotros a vosotros.

La fe cristiana es una voz que llama a todos a realizar el reino de Dios en la tierra como reino de comunión, de identidad compartida, de amor solidario, de compasión humanizante, de justicia liberadora. La recompensa es la felicidad, la dicha de contribuir a aminorar el dolor en nuestro mundo torturado, de ser parte del plan divino para un mundo mejor.      

 

[1] www.elpais.com/articulo/opinion/Fichas/casino/elpepusocdgm/20100502elpdmgpan_8/Tes

[2] Gilles Lipovetsky, La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Ed. Anagrama, Barcelona 1986.

Dr. Alfonso Ropero Berzosa

Director de Editorial Clie, Editorial Clie

Lamentaciones 3

Introducción


No recuerdo hace cuánto tiempo escuché a un amigo cantar por primera vez una estrofa que quedó grabada en mi mente. Durante algunos días se repetía en mi cabeza y tenía la intriga de preguntarle de dónde o de quién salía esa canción. Poco a poco dejó de ser sólo algo que se repetía y comenzó a volverse algo muy propio, como una oración que salía de mi corazón y condición, era una estrofa llena de esperanza.

Tampoco recuerdo bien la manera en que me contó la historia, pero me aclaró que él le estaba agregando melodía a un texto de Lamentaciones. En verdad me conmovió mucho pensar en cómo un texto con tanta esperanza podía estar en el libro de Lamentaciones. Yo no lo recordaba y sin duda la melodía del canto me ayudó a pensar más en la naturaleza de Dios descrita en esa estrofa. 

 

      “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agotará. Cada mañana renueva sus bondades; ¡infinitamente grande, sin fin es su fidelidad”…

 

Por favor, vuelve a leer la estrofa con más calma, como saboreando cada palabra.

 

Ahora quiero invitarte a tomar un momento para pensar de qué manera esta estrofa del texto se ve reflejada en tu vida. ¿Experiencias? ¿Lugares? ¿Desafíos? ¿Oportunidades? ¿Personas? ¿Paisajes? ¿Recuerdos? ¿Sentimientos? Es decir, si esta estrofa fuera tu oración, ¿en qué cosas pensarías al orar?

Recordemos que el libro de Lamentaciones fue escrito en un momento sumamente crítico para Jerusalén y Judá, estaban viviendo las consecuencias por la conquista de Babilonia. Fue muy trágico tanto para las personas de élite exiliadas, como para el sector pobre que permaneció en los pueblos sumamente debilitados.

Cuando leía este libro, me daba cuenta que el profeta encarnaba la situación de su pueblo, un pueblo que no sólo lloraba por el sufrimiento, sino también  reconocía su culpa, su responsabilidad y confesaba ante Dios que lo merecían. Es ahí, en medio de la poesía descriptiva en forma lamento y desolación, que surge el texto en el que hoy los invito a meditar. 

 


Acompañame a leer el pasaje

 Lamentaciones 3:16-24 (NVI)

 

 


 

Vav

16 Me ha estrellado contra el suelo;
    me ha hecho morder el polvo.
17 Me ha quitado la paz;
    ya no recuerdo lo que es la dicha.
18 Y digo: «La vida se me acaba,
    junto con mi esperanza en el Señor».

 

Zayin

19 Recuerda que ando errante y afligido,
    que estoy saturado de hiel y amargura.
20 Siempre tengo esto presente,
    y por eso me deprimo.
21 Pero algo más me viene a la memoria,
    lo cual me llena de esperanza:

 

Jet

22 El gran amor del Señor nunca se acaba,

    y su compasión jamás se agota.
23 Cada mañana se renuevan sus bondades;
    ¡muy grande es su fidelidad!
24 Por tanto, digo:
    «El Señor es todo lo que tengo.
    ¡En él esperaré!»


Reflexionemos:

Cuando leemos las expresiones del profeta respecto a su pueblo, nos damos cuenta que ellos eran conscientes de que la desolación que vivían no era porque Babilonia los estaba oprimiendo, sino por el abandono de Dios. Entonces afirman que es Él quien ha permitido todo, pero en varios momentos se percibe un reclamo profundo al Señor, señalándolo de ser demasiado duro con su justicia. 

 

Algunos dicen que ellos literalmente mordían el polvo, pero tú:

– ¿Con qué experiencia personal o colectiva comparas esta expresión? (v. 16)

– ¿Cuántas veces has sentido ausencia de paz? (v. 17)

– ¿Alguna vez has sentido tanto dolor y no ves al Señor venir a tu rescate? (v. 18)

– ¿En quién o quiénes piensas cuando lees “herrante y afligido”? (v. 19)

– ¿Qué áreas de la vida te desestabilizan al punto de deprimirte? (v. 20)

 

Hay momentos que golpean tan fuerte la vida, en los que seguramente hemos experimentado el sentir que se describe en el texto. Desde la falta de paz, la falta de esperanza, el abandono, la profunda aflicción y amargura que conducen a la depresión. En esos momentos, puede ser muy complicado dirigirnos al Señor pidiéndole que recuerde nuestra condición, si al mismo tiempo pensamos que sigue siendo Él quien lo permite. Algunas otras veces también es difícil porque sabemos que lo que vivimos es consecuencias de nuestras acciones.

Pero qué necesario es vivir el lamento, arrepentimiento, súplica y confesión; y recordar que es completamente válido delante del Señor. El profeta en este libro es coherente entre lo que siente y lo que expresa, cuánto necesitamos como individuos y comunidades aprender de esa transparencia en el sufrimiento.

Pero ojo, que justo en el versículo 21 resuena con tanta fuerza el inicio contrastante de algo esperanzador, cuando en medio del lamento, los recuerdos de quién es Dios pesan más por un momento. Qué hermoso contraste, en medio de la depresión y de sentir la muerte, encontrar esperanza por recordar a ese gran Dios que una y otra vez sigue teniendo compasión.   

La estrofa de la canción que mencioné al inicio me ha estado acompañando en varios momentos, recuerdo especialmente algunos “tiempos de bus” que me ayudan a procesar lo vivido en algún lugar. A veces me he sentido tan necesitada de recordar que a pesar de las situaciones tristes que podemos o puedo vivir, a pesar de sentir enojo o culpa, de saberme frustrada por fallar constantemente o de sentirme insatisfecha por mi ineficiencia; el Señor sigue lleno de amor. Reconocer que a pesar de mí, Él sigue siendo el Dios compasivo y que sigue extendiendo sus bondades sobre mi vida, me hace sentir perdón y me ayuda a encontrar reposo en que aún si Él permite las situaciones difíciles, Él sigue siendo todo lo que tengo y por tanto Él es mi esperanza. 

 

Oremos:

Padre de amor y compasión, bondadoso y fiel… gracias por traer Esperanza en medio del lamento, por ser ese refugio tan necesario en medio del sufrimiento. Te rogamos que nos perdones por las veces que no hemos sido diligentes en nuestras acciones, por las veces que en medio de nuestra necedad aún te culpamos o nos molestamos con tu manera de actuar, por las veces que pretendemos entender tu justicia y juzgarla. Por favor perdónanos y renueva nuestro corazón y entendimiento. Tú siempre estás dispuesto a enseñarnos, pero a veces nuestra dureza no nos deja aprender, por eso te rogamos que nos recuerdes constantemente que eres Todo lo que tenemos y en quien debemos esperar. Amén.

 

Hola, soy Benita Simón Mendoza, desde el 2016 tengo el privilegio de dedicarme al movimiento estudiantil a tiempo completo en la región occidente (Xela) de Guatemala. Además, me ha encantado involucrarme en algunos equipos dedicados al cuidado de la creación y así mantengo vínculos con temas relacionados a mi carrera. En esta ocasión, aprovecho para dar gracias a Dios por las y los amigos que me acompañan de distintas maneras en los procesos y momentos de la vida, por ese abrazo cálido de la amistad. 

 

Benita Simón Mendoza

Grupo Evangélico Universitario