Cristianos universitarios ante la diversidad de género

Alejandra Ortiz

Obrera regional COMPA, México

Uno de los mayores desafíos para los universitarios seguidores de Jesús en el siglo XXI en América Latina será el convivir, responder y amar a sus compañeros en medio de un contexto que abre paso a la diversidad de género[2] y rechaza a cualquier persona o institución que imponga un modelo sexual tradicional. En este artículo no ofreceré la “verdad” sobre un tema, la propuesta es reflexionar cómo estamos abordando una de las tramas más complejas de nuestro tiempo. Está dirigido a estudiantes evangélicos[3] que consideran la Universidad como un lugar en el que Dios está presente y actuando. La intención es iniciar un diálogo honesto sobre cómo vivir en una sociedad sexualmente diversa y discernir nuestra manera de pensar la cultura y encarnar el Evangelio. La Universidad seguramente será uno de los espacios en que estos asuntos se puedan dialogar y como cristianos precisamos pensar antes de reaccionar o defendernos.

El reto de la inclusión en las universidades latinoamericanas no es nuevo. Los jóvenes indígenas, los que viven en situación de pobreza y en áreas rurales, así como las mujeres han sido blanco de la exclusión histórica y presente. Los cristianos tenemos una responsabilidad acumulada desde épocas pasadas para aprender la hospitalidad hacia grupos marginados. El patrón de ostracismo se repite ahora con las nuevas minorías sexuales. Como lo explica un sociólogo colombiano:

 

El surgimiento de estos actores se da en una sociedad cargada todavía de grandes desigualdades, motivadas por posturas todavía heterosexistas, racistas y clasistas, muy arraigadas en los individuos y en las estructuras sociales, y que aún se siguen reproduciendo en las instituciones de educación, en todos sus niveles.[4]

Como seguidores de Jesús en la Universidad, la intolerancia o el rechazo a las personas con preferencias sexuales diferentes a las nuestras no es una alternativa, ni una actitud cristiana. Entonces, ¿cómo vivimos la fe en un contexto marcado por la diversidad de género? ¿Por dónde empezamos mostrando amor y hospitalidad sin comprometer nuestros valores y nuestra fe? Comenzaré por dar algunas pautas para comprender el contexto actual de diversidad sexual, para entonces sugerir en dónde hemos reaccionado de manera insuficiente, extraviándonos del propósito principal de nuestra misión.  Propondré acercamientos evangélicos a la cultura y las personas que habitamos esta realidad posmoderna[5] y espero animar iniciativas que ayuden en el caminar fiel de Jesús en la Universidad y el mundo.

Una de las maneras de entender mejor el contexto en el que vivimos es comprender el lenguaje que se utiliza para hablar de sexualidad. El sexo refiere a las divergencias físicas entre el hombre y la mujer, donde hay características primarias (de los órganos reproductores) y secundarias (de apariencia) que son determinados por la diferencia cromosómica. En cuanto al género, estamos más bien refiriéndonos a los rasgos que cierta cultura otorga a la mujer y al hombre en relación con los roles y el mismo significado de lo que es ser hombre o mujer. El género, según la antropología, es algo que el humano mismo articula según el grupo social, influenciado por factores económicos, políticos, religiosos, etc. La masculinidad y la feminidad se construyen culturalmente. Este fue el descubrimiento de las feministas políticas y teóricas de la “segunda ola”…”[6] Hasta este punto la diferencia entre sexo y género era clara y útil para distinguir los aspectos atribuidos por la cultura a lo que significa ser hombre y mujer, los cuales pueden variar de acuerdo a los grupos sociales. No obstante, en la posmodernidad se ha dejado de utilizar la categoría de sexo como un aspecto biológico, para hablar de género como construcción cultural. Ya no se reconoce el valor que el sexo tiene para definir parte de la identidad. La biología no determina, sino que la identidad sexual se construye.[7]

Timur Arbaev / https://es.123rf.com/

Este contexto resulta desconcertante para las comunidades religiosas que afirman divergencias sexuales marcadas biológicamente y fundamentadas en un Dios creador de hombre y mujer como entes diferenciados. La reacción de muchos grupos cristianos ha sido la negativa al diálogo y la aserción de negar el concepto de géneros sexuales, reafirmando modelos híper-conservadores de los roles de hombre y mujer. Incluso, existe una clara ofensiva de grupos políticos evangélicos de derecha que rayan en la homofobia y de múltiples iglesias conservadoras en defensa de “la familia”. El gran problema de todos estos frentes es el miedo. Un artículo del New York Times menciona lo siguiente: “La ideología de los pastores evangélicos es variada, pero en términos de género y sexualidad por lo general sus valores son conservadores, patriarcales y homofóbicos.”[8] Mientras que en las universidades mexicanas, independientemente de la filiación religiosa, 4 de cada 10 estudiantes manifestó rechazo en contra de las personas que no se identifiquen como heterosexuales.[9] Un triste ejemplo es el de otro estudio sobre la homofobia en las universidades de Puerto Rico, en el que se narra lo siguiente:

(…) una estudiante en su último semestre, quien fue hostigada por estudiantes quienes eran miembros de la iglesia de la que ella y su abuela eran feligreses, quienes expusieron en los tablones de edicto palabras soeces y mensajes amenazantes relacionados a su orientación sexual (Z. Reyes & A. Echevarría, comunicación personal, 20 de abril de 2008).

La tentación a la que hemos cedido es a actuar con condenación por miedo a que la realidad nos sobrepase y se normalice en nuestra sociedad. No obstante, en el escenario social de los países Occidentales esto ya se asume “normal”. En mi experiencia viviendo en Canadá[10], nos sorprendió y animó conocer a muchos que no están combatiendo contra la comunidad LGBTIQ, sino viviendo el Evangelio mostrando amor y hospitalidad. Ahí fue donde nos encontramos con la Dra. Sarah C. Williams, historiadora cultural profundamente comprometida con el Señor, quien está trabajando para entender y mapear históricamente la transformación en el lenguaje de la sexualidad, hasta llegar a la posmodernidad. Su trabajo radica en comprender el momento histórico, con fines de amar y conectar a las personas que habitan esta realidad. Muchas de las reflexiones y sugerencias en este escrito se los debo a ella, sus reflexiones en clase y las tareas de investigación que nos asignó.

Caricaturizar a los evangélicos como fanáticos, tradicionalistas, defensores de “modelos arcaicos” de familia, es igualmente injusto como pintar a las personas que tienen preferencias sexuales como depravados y libertinos. Las reacciones violentas de un lado y de otro se han alimentado de la falta de amor y compresión por parte de los que creemos en un Dios encarnado y lleno de misericordia. De hecho, han sido nuestras reacciones y el deseo de imponer nuestras creencias sobre la sexualidad las que han llevado a la sociedad a desechar completamente la diferenciación sexual.[11] El gran problema que Williams reconoce es el miedo de las nuevas generaciones ante cualquier tipo de imposición, marcado por una era de totalitarismos que han acabado con las vidas de millones de personas en los últimos cien años. Las tiranías, las imposiciones y cualquier tipo de coerción se recibe con hostilidad y sospecha.  Los cristianos mismos, como parte de esta cultura, se sienten amenazados y con miedo a las imposiciones liberales y las agendas de los demócratas progresistas.

El sociólogo Zygmunt Bauman, un profeta de nuestros tiempos, hace una inteligente lectura de las condiciones del mundo:

Los miedos incitan a emprender acciones defensivas. Una vez iniciada, toda acción defensiva aporta inmediatez y concreción al miedo. Es nuestra respuesta la que transforma los presagios sombríos en una realidad cotidiana, y logra que el verbo se haga carne. En la actualidad, el miedo se ha instalado dentro y satura nuestros hábitos diarios; si apenas necesita más estímulos externos es porque las acciones a las que da pie día tras día suministran toda la motivación y toda la energía que necesita para reproducirse.[12]

No es de sorprendernos que el miedo sea una experiencia cotidiana y la ansiedad uno de los principales males de nuestra generación. El miedo no es malo en sí, pero actuar fundados por el temor sí constituye una contrariedad para quienes anunciamos Buenas Noticias a un mundo saturado de terror. Mientras nuestro móvil sea la aprensión, difícilmente lograremos escuchar al otro o abriremos espacio para reconocer en el prójimo la imagen de Dios y su necesidad.

La pregunta, entonces, es cómo responder, qué hacemos y cómo vivimos. La historia bíblica deja claro que Dios es creador de todas las cosas y que ama a su creación, aún después de la caída. La cultura es parte de la creación y Dios mismo se ha manifestado usando canales culturales, como el lenguaje. Por lo tanto, comprender el contexto social y cultural de hoy es una manera legítima y necesaria de amar el mundo y las personas a quienes Dios ama. El Evangelio también plantea la necesidad, de la humanidad entera, del perdón y la gracia de Dios. La necesidad de perdón no es mayor para quienes tienen preferencias del mismo sexo, todos estamos quebrantados en el área sexual. Como cristianos, nuestra propia cultura evangélica, como lo demuestra Williams, idolatra el amor romántico en el matrimonio y ha reducido la intimidad al coito.[13] Como escribe John Stott: “(…) los cristianos no deben condenar de un modo especial la relación sexual homosexual.” Personalmente, me recuerda a las palabras de Jesús cuando advierte de cuidarnos de estar más atentos por “la paja en el ojo de nuestro hermano y no ver la viga en nuestro propio ojo”. Como productos, generadores y participes de esta cultura posmoderna, nosotros como cristianos también hemos adoptado ideas sobre la sexualidad que no son bíblicas ni concuerdan con la gran historia de Dios en las Escrituras. Y estamos envueltos en miedo.

Creo que este es un buen lugar para contar una historia, narrada por Lucas el evangelista.[14]

La escena de Jesús en casa de Simón el fariseo es familiar para muchos. Los fariseos eran seguidores fieles del Señor, siempre buscando en él alguna equivocación o contradicción con la ley. Desconocemos la intención de Simón al invitar a Jesús a su casa, pero él accede. Una mujer pecadora no era bienvenida a un banquete auspiciado por fariseos. Era una mujer inaceptable en las esferas religiosas judías, por trabajar en algo que comprometía su moral. Pero ella no anuncia su llegada e interrumpe atrevidamente, derramando un costoso perfume sobre Jesús. Los perfumes eran útiles en su profesión, para la seducción de hombres. La mujer “sin nombre” demuestra devoción y humildad. Se acerca sin arrogancia, evidenciando su confianza en este controvertido maestro de Israel.

Wayne Forte / http://www.wayneforte.com/

En un banquete así, la instrucción moral era un punto clave del encuentro.[15] Jesús no pierde oportunidad y enseña de maneras inesperadas, permitiendo que esamujer derrame un perfume contaminado de inmoralidad y con su cabello suelto (marca visible de su promiscuidad) unge y seca los pies de Jesús. Simón cuestiona al Maestro y se jacta de conocer quién es esa mujer. Si Jesús tuviera idea de su fama, no permitiría tal acercamiento. Pero el Señor no es ajeno al contexto, a los tabús sociales ni al corazón de ella. Jesús conoce a los seres humanos.

Y el Maestro responde contando una historia.  Es la trama de dos hombres pobres a quien un prestamista les perdonó su deuda. Una deuda era pequeña y la otra de mayor cantidad. La pregunta que Jesús hace a Simón es obvia: – ¿Cuál de los dos lo amará más?-

Simón supone bien, respondiendo correctamente, pero confundido.  -Al que se le perdona más, ama más. –

Y nosotros podemos pensar: – ¿Qué significa la pregunta de Jesús? ¿Qué tiene que ver con la mujer y con Simón? –

Pareciera que Jesús ubica a Simón en el mismo lugar que a la mujer pecadora. Los dos son deudores y están en “el mismo barco”, necesitados de perdón. La cuestión es que la mujer no puede ignorar su condición y etiqueta. Simón sí. Él cumple con las expectativas de su religión y está tranquilo, aunque le falla un poco eso de ser hospitalario. Ella hizo todo lo que se esperaba de Simón, al recibir a un invitado especial en su casa.

Simón no es tan diferente a nosotros como cristianos, sabemos hacer lo correcto y mantenemos una fachada de moralidad. Muchos escondemos una falsa idea de intimidad, desilusión ante el matrimonio romántico, pornografía o deseos que nos superan y jamás nos hemos atrevido a nombrar. En nuestras iglesias la soltería es vista como un problema para solucionar, el acoso sexual no está ausente y el índice de divorcios no es menor que en la sociedad en general.

Nosotros también estamos quebrados. La mujer quiere acercarse a Jesús y cree en sus Buenas Noticias. Jesús perdona sus pecados. Simón no entiende cómo es que el Maestro osa perdonar aesa mujer. Simón no ha comprendido el poder del evangelio.

– ¿Y nosotros? –

El Evangelio tiene poder, para perdonador pecados, cambiar vidas y transformar culturas. El Evangelio de Jesús son buenas noticias para los que reconocen su necesidad de Dios, no para los que creen que no necesitan. En el contexto actual, de diversidad de género y valores contrarios a los nuestros, la respuesta no puede ser el aislamiento o las reacciones con violencia o agresión. Sugiero cinco iniciativas evangélicas para responder desde la fe, para la vida misionera en el contexto universitario y más allá de él.[16]

1. Vivir la misión en comunidad es un correctivo contra la hiperindividualización de las grandes urbes y presente con mayor fuerza en las universidades. Dialogar los temas difíciles, reconocer los miedos y plantear las dudas con honestidad nos permiten construir una red de confianza y humildad. El estudio de la Biblia junto a otros, sin la intención de imponer agendas políticas e ideológicas también nos abre a ser afirmados y abrazar los misterios. La vida en comunidad tiene el potencial de sostener matrimonios, acompañar a los solteros y mantener a las familias floreciendo. El cristianismo no es una fe para los llaneros solitarios, ni muchos menos para los autosuficientes.

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2. Ser hospitalarios y generosos en un contexto hostil y con mucha animadversión siempre tendrá consecuencias de amor creativo. En nuestros temores, nuestra tentación yace en decir mucho y escuchar poco, pero la hospitalidad y el tiempo invertido en amar escuchando no vuelven vacíos. Para una generación que rechaza cualquier imposición o modelo, pero busca pertenecer y ser amado, la hospitalidad tiene el potencial de abrir corazones. La amistad es un antídoto contra la homofobia. Un estudio realizado en México sobre la exclusión entre los universitarios demostró que aquellos que tienen amistad con quien se define como homosexual, tienden a incluirlo.[17] Esto no compromete nuestra fe, es una expresión de cómo Dios es, quien nos abre las puertas y nos recibe. Su amor es el que nos transforma.

3. Resistir a la tentación de usar etiquetas. La identidad de los seres humanos no está dada por nuestra preferencia sexual, somos creaciones hechas a la imagen de Dios. Todos. Sin excepción. En una sociedad de consumo se nos venden opciones de lo que podemos ser y en la posmodernidad, ante estados totalitarios, son pocas las cosas sobre las cuales elegimos. Vivimos en una crisis de identidad y por eso el derecho a la preferencia sexual es tan compleja y se defiende con ímpetu.[18] Los cristianos universitarios no podemos caer en la trampa de etiquetarnos como heterosexuales y dejar que eso nos defina. Somos mucho más que la preferencia sexual. Somos seres creados y amados por Dios, pertenecientes a una familia y una comunidad, interdependientes y necesitados de Dios.[19] Tenemos el desafío de pensar qué significa ser humano desde la Biblia.

4. Cuestionar las mentiras de la cultura evangélica y la cultura social y arrepentirnos. Nosotros no estamos exentos de idolatría y errores en el área de la sexualidad. Hemos recibido mucha influencia desde Norteamérica sobre roles supuestamente bíblicos, los cuales son insuficientes para los desafíos de las relaciones en América Latina, como el machismo, la violencia contra las mujeres y niños, la pornografía y la trata. El Evangelio mismo tiene el poder de transformar familias y comunidades y lo está haciendo. La diferenciación sexual no implica roles rígidos de lo que un hombre o mujer hacen en la casa o en la arena pública. Existe libertad. Tampoco necesitamos adoptar agendas políticas de otros países. Defender el matrimonio heterosexual no es incorrecto, pero existen más asuntos de urgencia en nuestras naciones, como la explotación de los pobres, la desigualdad económica, la marginación de los indígenas, la corrupción, etc. Nuestro testimonio público abre o cierra puertas para que otros conozcan del Evangelio. En ocasiones somos más conocidos por nuestra condenación que nuestro amor.

5. Re-imaginar la cultura y el lenguaje. Williams propone que necesitamos una nueva visión social.[20] Alimentar la imaginación de lo que Dios ha creado y de la reconciliación cósmica de todas las cosas con Dios por medio de Jesús es trabajo evangelístico. La labor profética implica entender el contexto y considerar cómo Dios está actuando en nuestro medio, de manera creativa. Los profetas también denunciaban pecados, pero comenzaban por su propio pueblo y junto a eso, comunicaban una visión de esperanza en la redención de Dios. La labor evangelística y profética es parte de nuestro llamado como cristianos en la universidad.  Es un llamado comunitario, de reflexión bíblico teológica a la par de aprender a leer el contexto histórico social, y a ver y seguir al Espíritu por sendas posiblemente nunca imaginadas, alcanzando a quienes parecen lejanos a la fe. En ocasiones, esta hermosa y compleja labor de vivir y proclamar el evangelio, comienza por actos pequeños en nuestra manera de usar el lenguaje, en los gestos que usamos al relacionarnos, en cuestionar nuestras presuposiciones. Re-imaginar la cultura impregnada del evangelio implica encarnarlo y eso nunca será una labor que nos dejará sin “ensuciarnos”.

Mi oración por nosotros es que creamos en el poder del Evangelio, que encarnemos su mensaje hasta las últimas consecuencias y estemos atentos al Espíritu para ser guiados en la obra que Dios ya está haciendo entre nosotros, con amor y sin miedo.

Alejandra es obrera regional de COMPA México y Maestra en Estudios Teológicos por Regent College. Esposa de Abdiel y mamá de Luciana. Le encanta trabajar con estudiantes y obreros y animarlos a amar las Escrituras y entender su aplicación a la vida entera. A Ale le encanta el café y el té chai, viajar, caminar y escribir en su blog sobre teología y la vida. Alejandra Ortíz

Obrera Regional, COMPA, México

[1] Obrera regional de Compañerismo Estudiantil y Maestra en Estudios Teológicos por Regent College. Esposa de Abdiel y mamá de Luciana.
[2] Utilizaremos el concepto “diversidad de género” y “diversidad sexual” de manera intercambiable. Explicaré la evolución el uso del lenguaje en torno al sexo y al género líneas más adelante.
[3] Principalmente estudiantes de los movimientos estudiantiles evangélicos de América Latina, pertenecientes a la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos.
[4] Fernando Uribe Castro, “¿Señalar o incluir? Gays y lesbianas en la universidad colombiana.”http://www.propiedadpublica.com.co/-senalar-o-incluir-gays-y-lesbianas-en-la-universidad-colombiana/ (consultada el 20 de agosto, 2018)
[5] La posmodernidad es un concepto complejo que convive en América Latina, junto a la modernidad y la pre modernidad. La posmodernidad básicamente cuestiona todas las certezas la Ilustración, poniendo en duda la ciencia y los mega-relatos que daban sentido a la vida en la modernidad.
[6] Rubí de María Gómez Campos, El Sentido de sí. Un ensayo sobre el feminismo y la filosofía de la cultura en México (México: siglo xxi editores), 1-2.
[7] Philip N. Cohen, Septiembre 14, 2015 (5:00am), “Why I don’t defend the sex-versus-gender distinction”, https://familyinequality.wordpress.com/2013/09/14/why-i-dont-defend-the-sex-versus-gender-distinction/ (consultado el 21 de Agosto, 2018)

[8] Javier Corrales, “Un matrimonio perfecto: evangélicos y conservadores en América Latina.” New York Times, 19 de enero, 2018. https://www.nytimes.com/es/2018/01/19/opinion-evangelicos-conservadores-america-latina-corrales/ (consultado el 23 de agosto, 2018)
[9] Piña Osorio et al, “Homofobia en estudiantes”, Región y sociedad vol.27 no.64 Hermosillo sep./dic. 2015 http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-39252015000300001  (consultado el 20 de agosto, 2018)
[10] Mi esposo y yo vivimos en Vancouver, B.C., Canadá por 13 meses, al estar finalizando mi maestría en Estudios Teológicos en una escuela de posgrados evangélica (Regent College).
[11] Sarah C. Williams’, “Sex in the Post-Modern Story”. Serie de tres ponencias presentadas en Corban University University. https://soundcloud.com/corbanuniversity/92115dr-sarah-c-williams(consultadas el 10 de agosto, 2018)
[12] Zygmunt Bauman, Tiempos Líquidos. Vivir en una época de incertidumbre, (México: Tusquets editores, 2009) 18-19
[13] Williams, “Sex in the Post-Modern Story”

[14] Lucas 7:36-50
[15] Craig S. Keener, “Luke” en The IVP Bible Background Commentary: New Testament (Estados Unidos de América: IVP, 1993) 208-209.
[16] Algunas de estas propuestas de respuesta al contexto están tomadas de recomendaciones dadas por Sarah Williams en sus clases de Mapping Gender, tomadas en el verano de 2015 en Regent College, Vancouver Canadá. He tomado algunas de sus ideas, adaptándolas al contexto universitario latinoamericano.
[17] Piña Osorio et al, “Homofobia en estudiantes”
[18] De igual manera asuntos como el aborto y la eutanasia, porque tienen que ver con nuestros cuerpos.
[19] La Dra. Sarah Williams explica que en el momento en que dejamos que se nos etiquete, perdemos oportunidades para cuestionar las mentiras de la cultura que nos definen según nuestra preferencia sexual. Ella cuenta la historia de cuándo un médico le pregunta cómo se define, dándole opciones: a)heterosexual, b)homosexual, c)bisexual o d) transexual, y Sarah responde: -Soy esposa de Paul. Un ejemplo sencillo de resistir a ser definidos como tal.
[20] Williams, “Sex in the Post-Modern Story”