Lamentaciones 3

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Introducción


No recuerdo hace cuánto tiempo escuché a un amigo cantar por primera vez una estrofa que quedó grabada en mi mente. Durante algunos días se repetía en mi cabeza y tenía la intriga de preguntarle de dónde o de quién salía esa canción. Poco a poco dejó de ser sólo algo que se repetía y comenzó a volverse algo muy propio, como una oración que salía de mi corazón y condición, era una estrofa llena de esperanza.

Tampoco recuerdo bien la manera en que me contó la historia, pero me aclaró que él le estaba agregando melodía a un texto de Lamentaciones. En verdad me conmovió mucho pensar en cómo un texto con tanta esperanza podía estar en el libro de Lamentaciones. Yo no lo recordaba y sin duda la melodía del canto me ayudó a pensar más en la naturaleza de Dios descrita en esa estrofa. 

 

      “El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agotará. Cada mañana renueva sus bondades; ¡infinitamente grande, sin fin es su fidelidad”…

 

Por favor, vuelve a leer la estrofa con más calma, como saboreando cada palabra.

 

Ahora quiero invitarte a tomar un momento para pensar de qué manera esta estrofa del texto se ve reflejada en tu vida. ¿Experiencias? ¿Lugares? ¿Desafíos? ¿Oportunidades? ¿Personas? ¿Paisajes? ¿Recuerdos? ¿Sentimientos? Es decir, si esta estrofa fuera tu oración, ¿en qué cosas pensarías al orar?

Recordemos que el libro de Lamentaciones fue escrito en un momento sumamente crítico para Jerusalén y Judá, estaban viviendo las consecuencias por la conquista de Babilonia. Fue muy trágico tanto para las personas de élite exiliadas, como para el sector pobre que permaneció en los pueblos sumamente debilitados.

Cuando leía este libro, me daba cuenta que el profeta encarnaba la situación de su pueblo, un pueblo que no sólo lloraba por el sufrimiento, sino también  reconocía su culpa, su responsabilidad y confesaba ante Dios que lo merecían. Es ahí, en medio de la poesía descriptiva en forma lamento y desolación, que surge el texto en el que hoy los invito a meditar. 

 


Acompañame a leer el pasaje

 Lamentaciones 3:16-24 (NVI)

 

 


 

Vav

16 Me ha estrellado contra el suelo;
    me ha hecho morder el polvo.
17 Me ha quitado la paz;
    ya no recuerdo lo que es la dicha.
18 Y digo: «La vida se me acaba,
    junto con mi esperanza en el Señor».

 

Zayin

19 Recuerda que ando errante y afligido,
    que estoy saturado de hiel y amargura.
20 Siempre tengo esto presente,
    y por eso me deprimo.
21 Pero algo más me viene a la memoria,
    lo cual me llena de esperanza:

 

Jet

22 El gran amor del Señor nunca se acaba,

    y su compasión jamás se agota.
23 Cada mañana se renuevan sus bondades;
    ¡muy grande es su fidelidad!
24 Por tanto, digo:
    «El Señor es todo lo que tengo.
    ¡En él esperaré!»


Reflexionemos:

Cuando leemos las expresiones del profeta respecto a su pueblo, nos damos cuenta que ellos eran conscientes de que la desolación que vivían no era porque Babilonia los estaba oprimiendo, sino por el abandono de Dios. Entonces afirman que es Él quien ha permitido todo, pero en varios momentos se percibe un reclamo profundo al Señor, señalándolo de ser demasiado duro con su justicia. 

 

Algunos dicen que ellos literalmente mordían el polvo, pero tú:

– ¿Con qué experiencia personal o colectiva comparas esta expresión? (v. 16)

– ¿Cuántas veces has sentido ausencia de paz? (v. 17)

– ¿Alguna vez has sentido tanto dolor y no ves al Señor venir a tu rescate? (v. 18)

– ¿En quién o quiénes piensas cuando lees “herrante y afligido”? (v. 19)

– ¿Qué áreas de la vida te desestabilizan al punto de deprimirte? (v. 20)

 

Hay momentos que golpean tan fuerte la vida, en los que seguramente hemos experimentado el sentir que se describe en el texto. Desde la falta de paz, la falta de esperanza, el abandono, la profunda aflicción y amargura que conducen a la depresión. En esos momentos, puede ser muy complicado dirigirnos al Señor pidiéndole que recuerde nuestra condición, si al mismo tiempo pensamos que sigue siendo Él quien lo permite. Algunas otras veces también es difícil porque sabemos que lo que vivimos es consecuencias de nuestras acciones.

Pero qué necesario es vivir el lamento, arrepentimiento, súplica y confesión; y recordar que es completamente válido delante del Señor. El profeta en este libro es coherente entre lo que siente y lo que expresa, cuánto necesitamos como individuos y comunidades aprender de esa transparencia en el sufrimiento.

Pero ojo, que justo en el versículo 21 resuena con tanta fuerza el inicio contrastante de algo esperanzador, cuando en medio del lamento, los recuerdos de quién es Dios pesan más por un momento. Qué hermoso contraste, en medio de la depresión y de sentir la muerte, encontrar esperanza por recordar a ese gran Dios que una y otra vez sigue teniendo compasión.   

La estrofa de la canción que mencioné al inicio me ha estado acompañando en varios momentos, recuerdo especialmente algunos “tiempos de bus” que me ayudan a procesar lo vivido en algún lugar. A veces me he sentido tan necesitada de recordar que a pesar de las situaciones tristes que podemos o puedo vivir, a pesar de sentir enojo o culpa, de saberme frustrada por fallar constantemente o de sentirme insatisfecha por mi ineficiencia; el Señor sigue lleno de amor. Reconocer que a pesar de mí, Él sigue siendo el Dios compasivo y que sigue extendiendo sus bondades sobre mi vida, me hace sentir perdón y me ayuda a encontrar reposo en que aún si Él permite las situaciones difíciles, Él sigue siendo todo lo que tengo y por tanto Él es mi esperanza. 

 

Oremos:

Padre de amor y compasión, bondadoso y fiel… gracias por traer Esperanza en medio del lamento, por ser ese refugio tan necesario en medio del sufrimiento. Te rogamos que nos perdones por las veces que no hemos sido diligentes en nuestras acciones, por las veces que en medio de nuestra necedad aún te culpamos o nos molestamos con tu manera de actuar, por las veces que pretendemos entender tu justicia y juzgarla. Por favor perdónanos y renueva nuestro corazón y entendimiento. Tú siempre estás dispuesto a enseñarnos, pero a veces nuestra dureza no nos deja aprender, por eso te rogamos que nos recuerdes constantemente que eres Todo lo que tenemos y en quien debemos esperar. Amén.

 

Hola, soy Benita Simón Mendoza, desde el 2016 tengo el privilegio de dedicarme al movimiento estudiantil a tiempo completo en la región occidente (Xela) de Guatemala. Además, me ha encantado involucrarme en algunos equipos dedicados al cuidado de la creación y así mantengo vínculos con temas relacionados a mi carrera. En esta ocasión, aprovecho para dar gracias a Dios por las y los amigos que me acompañan de distintas maneras en los procesos y momentos de la vida, por ese abrazo cálido de la amistad. 

 

Benita Simón Mendoza

Grupo Evangélico Universitario