El buen samaritano, el buen ateo, o el buen musulmán

Quizás el pasaje del buen samaritano sea uno de los pasajes bíblicos que más impactó mi forma de entender y vivir mi fe durante mis últimos años como estudiante y obrero en el movimiento estudiantil y aún sigue dando luz. C.S Lewis desarrolló dos conceptos que considero clave para entender cómo un cristiano debe leer a las personas y a uno mismo a partir de la óptica bíblica. Esos conceptos son, la“cercanía por semejanza” y la “cercanía por proximidad”. El primero tiene que ver con que todos los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios- y, por lo tanto, todos los seres humanos (sin importar lengua, raza, cultura, creencias, etc.) tenemos esa característica inherente. El segundo concepto apunta más a algo activo, no pasivo. Es decir, es algo voluntario y no involuntario como sucede con el primero. Se trata de la decisión de imitar a Jesús intencionalmente, seguirlo a él, volvernos sus discípulos.

 

Partiendo de esa misma lógica, Darrow Miller señala en su libro “Discipulado a las Naciones”, que los cristianos no estamos llamados a revolucionar, sino a reformar. Y esto aplica tanto a estructuras sociales, como a personas, de la misma manera. Con esto Miller advierte a los cristianos que su llamado implica tener la capacidad y la humildad de leer esos destellos de la imagen de Dios en las personas y estructuras, independientemente de que sean o no cristianas.

Habiendo pasado por esa súper breve explicación de conceptos y teniéndola en mente de aquí en adelante, quisiera que leyéramos el pasaje bíblico en el libro de Lucas (cap. 10 vers. 25-37). Versión: NVI.


 

25 En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta:

―Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

26 Jesús replicó:

― ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

27 Como respuesta el hombre citó:

― “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”, [a] y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.[b]

28 ―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

29 Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús:

― ¿Y quién es mi prójimo?

30 Jesús respondió:

― Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. 32 Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. 33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. 34 Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacó dos monedas de plata[c] y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. 36 ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37 ― El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley.

― Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

 


Reflexionemos:

Hay tres personajes muy interesantes en este pasaje y que hay que entender un poco acerca de su trasfondo para entrar en contexto. Jesús se encuentra dialogando con un maestro de la ley, y dentro del relato para responder a la pregunta “quién es mi prójimo?”, cuenta una historia en la cual un hombre herido, un sacerdote, un levita y un samaritano, son los protagonistas. Respecto al maestro de la ley y al sacerdote, sin acudir a una fuente externa a este relato se puede entender cuáles eran sus roles en aquel entonces. En cuanto al levita, era una personalidad importante y reconocida dentro del pueblo judío; perteneciente a la tribu de Leví y que inclusive tuvo tal protagonismo dentro de dicho pueblo que, en el pasado anterior a este relato, tenía la responsabilidad de proteger el tabernáculo o “santuario móvil” (1 Crónicas 23).Por otro lado, a los samaritanos se les consideraba medio-judíos y señalados por su fe sincretista (Reyes 17:26-28) debido a que parte de los judíos que sufrieron de exilio tiempo atrás, se mezclaron con extranjeros. Por lo tanto, estas personas eran despreciables por el pueblo judío por ser impuros.

Teniendo todo esto en cuenta, el hecho de que Jesús estuviese enseñando a un judío acerca del amor al prójimo a partir del ejemplo de un samaritano, resultaba chocante. De por sí el maestro de la ley ya estaba cuestionando Jesús, y sumado a eso Jesús le pone de ejemplo a una persona despreciable para él. Quizás en tiempos contemporáneos el samaritano podría ser una persona atea, un musulmán, una persona dentro de una creencia sincretista o una persona no cristiana en general. Hoy en día a aún es poco probable que un cristiano esté abierto a aprender de una persona que no comparta su misma fe; y menos aún si se sabe que su fe tiende hacia el sincretismo. Esto por otro lado no quiere decir que para Jesús no fueseimportante lo que las personas creyeran o lo que creamos. Jesús, como algunos teólogos destacan, fue directo y excluyente a la hora de señalar cuál era la verdad – por ejemplo, los famosos “Yo soy…”, que podemos encontrar en repetidas ocasiones en el libro de Juan. Esto nos previene de pensar que para Jesús cualquier camino, creencia o fe, nos lleva a Él.

Este relato debe orientarnos como cristianos respecto a lo que también podríamos y deberíamos aprender de personas fuera de la fe cristiana. En lo personal, este relato me ha permitido ver y admirar acciones de personas y amigos no cristianos que reflejan más los valores del reino de Dios que inclusive muchos cristianos (incluyéndome en varias ocasiones). He tenido la oportunidad de identificar, como en este relato, no a buenos samaritanos, pero a buenos ateos y buenos musulmanes. Esto sin olvidar que esto sucede por su cercanía con Dios por semejanza, más no por proximidad.  Esto también me ha servido a vencer mi ego y a entender que debo tener mejores ojos y oídos para lo que Dios hace por medio de gente fuera de la fe cristiana. Inclusive pienso que la evangelización debería de tener un punto de partida tomando como base también las enseñanzas de este pasaje. Nuestros prójimos con otras maneras de pensar o de creer también pueden acercarnos a Jesús y ellos podrían estar más cerca de Jesús de lo que ellos piensan y nosotros pensamos.

 

Oremos:

Señor Jesús ayúdanos a tener la humildad para aprender y tomar de ejemplo a amigos y personas que no creen en ti directamente, pero que muestran destellos de tu reino en sus acciones. Ayúdanos también a, con humildad, mostrarles esa cercanía por semejanza que comparten con nosotros y contigo; y oriéntanos para saber cómo guiarlos con mucho amor y sin apresurarnos a poder reconocer que su cercanía por proximidad para contigo es el camino hacia la verdad y la vida.

 



Mi nombre es Byron Galvez y tengo 28 años. Fui líder estudiantil (y luego obrero) durante mi paso por la universidad en la facultad de ingeniería. Fui muy influenciado por gente del movimiento y fuera del movimiento que estudiaba ciencias sociales (especialmente mi novia internacionalista ( : ) y humanidades. Recién regresé de China donde estudié un posgrado en energías renovables. Me apasiona la investigación científica y mi área de interés es la política energética y el desarrollo sostenible. Soy introvertido, así que tengo no tantos amigos. Mis mejores amigos piensan bien distinto y parecido a mí -coincidimos y chocamos algunas veces. Dos de ellos son musulmanes, una atea y los otros son cristianos ( : .

 

Byron Galvez

Grupo Evangélico Universitario